CHASCO





“La mayoría de mis lectores creen que los cuentos son autobiográficos. Nada mas lejano a la realidad….”
                                                                                                      Laureene Doubble Face, MD California LA

Soy divorciada desde hace cuatro años, y paulatinamente cada vez más fobica para relacionarme, o sea, que para  mi no es tarea fácil conocer a alguien, y animarme a que “pase algo”.
Por  más que sienta el llamado de la especie animal, hasta que lo logro con alguien, me aseguro, me reaseguro de que sea buena persona, de que sea libre, de que tengamos cosas en común,  de que no sea egoísta, de que use  forro, de que no sea ignorante, de que no sea  machista, que no sea indigente ni adicto, en fin....un sinnúmero de factores  que van retrasando el momento de mi decisión, pero con  toda la “justificación”  que mis trabas necesitan. Todo esto corroborado por mis amigas, que sí que son fónicas en serio.
Tete hace cuatro años que no sale con nadie. Y Lola , lo  mismo.
Ambas dicen que “yo estoy mejor así, vos Laurita, por lo menos lo intentas”
 Había terminado una relación amorosa como siempre, traumática de un año  excesivamente malo,  el  97. Había fallecido papa,  me quede sin trabajo por venta de la empresa,  tenía la casa en que vivía con un crédito hipotecario, la operaron a mama de un hematoma sub dural y estaba en Terapia Intensiva, y mi hermana  justo se había ido a vivir a Mendoza. Todo al mismo tiempo                                                 
El último intento amoroso,  había sido un marginal (léase un escultor ceramista) que yo creía que tenía que salvar de caer en el abismo, para lo cual  me vi forzada a bancarlo en todo sentido, su  miseria extrema, su ausencia de lugar en el mundo, sus tres hijos con  hambre que dejaban   mensajes en mi teléfono para su padre y así me amargaban la vida y el, que culpaba a la sociedad capitalista a la cual yo pertenecía y el no.
Pero era cariñoso.
Y calzaba   muy pero muy bien.
Y como era vago, siempre estaba listo para el amor. Con el batí mi propio record de 10 horas  de amor solo tomando agua
No puedo negar que ese factor  me retraso un poco la decisión de mandarlo a la  mierda con  dramas y todo
Hasta que una tarde de noviembre, me decidí.
Le dije adiós.
Sentí un gran alivio, y  mis gastos se redujeron notablemente. Encontré el peligroso “gusto por la soledad”, refugio que me tienta bastante seguido, y que me aleja de  mi posibilidad de formar pareja en serio.
Me dedique a salir con amigas y amigos,  fui a la costa, a bailar en grupo, a sentir que disfrutaba de mi tiempo libre.
Pasaban los meses, y me empecé a aburrirme de no sentir emoción
Nuevamente “el llamado de la especie animal”.
Lo desoí, total que le iba a hacer si no había nada en el panorama
En una de esas salidas en grupo, conocí a un  hombre, con el cual baile y tome un café.
De aspecto no estaba mal.
Lo que llamaba la atención, era su posición cansada, su cara depresiva o mejor dicho, inexpresiva, como si nada le llamara la atención, como si fuera un esfuerzo todo, inclusive ir a bailar.
Era  caballero, y bastante cultivado.
Resulta que, valiéndose de un amigo común, obtuvo mi teléfono (previa aprobación)
Mi primera intención, fue no salir, algo me decía que no
Y la segunda intención fue “probar”  ya que estaba aburrida.
En realidad, lo que me impulsó a cambiar de idea, fue un fugaz comentario de Héctor, que era el intermediario. Me dijo que en el trabajo lo llamaban “manguera”, lo que me hizo imaginar lo inimaginable, me brillaban los ojitos con malicia
Fuimos al cine, y yo no podía creer que él  me pagara la entrada, acostumbrada al indigente anterior
Que él me pagara el taxi y fuera caballero.
Me daba vergüenza, me parecía que no me lo merecía.
Era la primera vez que me sentía en el rol  femenino, a la antigua
 Así estuvimos saliendo a distintos lugares. A bailar, a cenar. A tomar algo a un pub
Las semanas de nuestro idilio pasaban, y no pasaba nada.
Yo iba levantando presión con todo ese ambiente de conquista y a la vez me sentía algo así como “descansando”, dejando que él  me llevara
Me  parecía raro no dirigir la batuta, no guiarlo, no bancarlo, solo disfrutar y dejarme llevar
Sentía el perfume de él y me daban ganas de tocarlo
Pero no podía, ni siquiera  me daba la mano para cruzar la calle.
 Cero contacto físico
Me moría por sentirlo, ya que todo lo que me rodeaba era tan pero tan agradable y misterioso
Pasaron dos  eternos  meses,  interrumpidos por un viaje mío de quince días a Miami con llamadas más que inquietantes desde acá, que me hacían  desear aún  más el contacto de piel. Me susurraba al teléfono todas las cosas que me iba a hacer cuando nos volviéramos a ver. Era como otra persona. El que no me daba la mano ni besaba me quería hacer de todo justo cuando estaba lejos
Cuando llegué de las vacaciones venia directo a sus brazos.
Arreglamos para vernos en un café en Vicente López a tres cuadras de donde él vivía.
Me temblaba todo el cuerpo el día del encuentro que fue una cena en un lugar chiquito e íntimo.
Yo esperaba y esperaba a ver si se decidía, hablábamos de bueyes perdidos, mientras soñaba con un “telo”
Me  había preparado y me mordía la lengua para no actuar como siempre, que era dando la iniciativa yo  primero
Y seguía la charla y de coger ni hablar.
Medio imperceptiblemente, y medio a la fuerza con una gran ayuda  mía nos dirigimos al tan deseado lugar. Al fin de cuentas casi lo tuve que llevar a los empujones. Tanta charla caliente por teléfono y ahora qué?
Un poco de timidez tenía yo, que en otras épocas era tan liberada, ya que de la nada, íbamos a pasar al todo  sin haber pasado ni por darnos la mano ni por besarnos
No fue brusco el desvestirnos los dos estábamos muy nerviosos
Nos besamos, nos besamos y nos besamos,  diría que demasiado, ya me estaba aburriendo de besar en continuado como si el no quisiera que llegara el  momento de la verdad.
Pensaba” ¿cómo la tendrá?”
Y me imaginaba que por su estructura corporal mas todo lo que me había dicho más el apodo,  podría ser interesante.
Hasta que por fin cayeron los lienzos y me anime a mirar.

“¡Hay Dios mío!!!!    Qué  momento!
Lo que quería era simplemente escapar
Me dije a  mi  misma:     
”No, esto no puede ser verdad....es un chasco del destino! Nunca  en mi vida había visto un pene tan flaquito y blando. Nunca en  mi vida había estado tan entusiasmada  con los preliminares de un romántico  caballero. Nunca en mi vida  me había sentido tan defraudada con la fantasía que ambos habíamos alimentado
Era un problema de erección y además de tamaño tenia remedio...                                                                                                                                                        Por  más que hubiera  buena voluntad
Me quedaba chica, o yo le quedaba grande, me bailaba, no sentía nada, más que la fantasía que yo pudiera agregar. Encima el tardó tres segundos, no tuve tiempo de nada.
Tenía ganas de separarme en ese momento, para no seguir entusiasmándome con él, no le veía solución. Que le iba a decir? No te quiero ver más porque tenes un chizito? No te quiero ver mas porque sos precoz y egoísta?
Por que c… te dicen manguera? Mis pensamientos me estaban volviendo loca, y yo allí tirada sin poder reaccionar
Trate de no demostrar  mi decepción Como sabemos hacer las mujeres en esos  momentos nos mostramos falsamente comprensivas,  les damos ánimos, nos tragamos la rabia
Les decimos “Bueno es la primera vez, no te preocupes..., yo estoy bien...” MENTIRA!
Y me llevo a mi casa, no subió, y me costó dormirme

A los tres días, (era un miércoles),  después de no hablar para nada, me dijo por teléfono que tenía que hablar urgente conmigo, y que no me podía adelantar nada. Me asuste,  me sentía satisfecha por cortar el silencio y pensaba que si él se quería encontrar era para buscarle alguna salida al espantoso acto de varias noches atrás.
Corriendo, acepte el encuentro en una confitería. Me fui hasta Vicente López,  desde Palermo en colectivo, a la noche de un día hábil. Tanta era la urgencia que no me di cuenta de decirle que fuera él el que viajara y no yo
Él estaba tomando un gin tonic, con la mirada grave, hacia abajo, preocupado.
Yo estaba nerviosa e incómoda. No teníamos mucha confianza el ultimo recuerdo era traumático, tenía ganas de mandarlo al carajo, pero iba a hacer un esfuerzo por comportarme bien
Dábamos vueltas, hablábamos de pavadas, y en un momento me vi venir el tema...”seguro que es de lo de la otra noche”....pensaba.
Empezó a dar vueltas, fumar  más..... Yo, cada vez más nerviosa e indecisa.
Trataba de ponerme derecha en la silla, me dolía la espalda, se me cruzaban los pensamientos, no podía aguantar más la ansiedad de escuchar lo que me quería decir M.
Hasta que al cabo de 15 eternos minutos...
Me dijo:
-Laura, no sé cómo decirte esto, ya que me da  mucha vergüenza hacerlo
-Dale, con confianza...
-No, Es que me cuesta...
-Por favor, no  me dejes con la intriga....
-Eh.....este....es algo de mi físico.....que no puedo superar.....algo que me aqueja desde los 30 años.....y que me es muy   difícil afrontar.....ya que es irreversible...
- Dale, confía en mí, ya que estamos, metele para adelante.
   -Bueno..Este¿vos, no notaste un problema    físico que yo tengo?
-Y...SI.....de algo me di cuenta, que le vas a hacer., capaz  que  podes consultar  con un especialista (yo pensaba en un urólogo)
Y nos quedamos en un incómodo silencio
Hasta que él prosiguió
-Fue por un accidente que tuve a los 30: una caída desde un caballo...
-¿Queeeee???
-Si....el problema que tengo  es.......
                                           
                                                       Los dientes postizos.

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