ANIO NUEVO EN EL MUSEO DE CERA



Víspera de las fiestas.
Como es costumbre en mi familia, pensando en qué comida hacer, y tratando de no estar tristes por las ausencias
Estoy divorciada, vivo sola y en Nochebuena, mi casa por primera vez se transformó en  “hogar”
Casi por  milagro, después de varios años de negativa,  mamá aceptó pasarlo fuera de SU casa, diferente a otros  agrios años en que de la discusión pasábamos a la pelea,  de allí a distancia y  al final, por supuesto a la revancha. Cada vez que la invitaba, aun cuando estaba casada me decía que no, porque la Nochebuena se festeja en “mi” casa, decía. Y terminaban aflojando mis suegros que en silencio me comprendían

Creo que el motivo de este cambio, es la presencia de Marcelo mi novio, que actúa como  “buffer” que no se por qué misteriosa razón hacia  que todo se suavizara entre nosotras
Fue la primera vez en mucho tiempo en que no estuve demasiado triste, a pesar de que  al hablar de papá  que falleció hace dos años, se me llenaron los ojos de lágrimas
De este Año Nuevo, algo aprendí y es que “no debo meterme en las relaciones familiares de otros”
.Ahí va la anécdota:

Como Marcelo que tenia 46 años, era divorciado, tenia hijos grandes y todavía vivia con su madre, que era vieja y  amargada
Como sólo se hablaban para recriminarse cosas.
Como  se pasaban días  sin hablar, aún habiendo olvidado el  motivo...
Y porque  siempre fui  metida para arreglar los problemas de los demas
Y porque creia que todas las familias tenían que ser como los Ingalls
Y porque pense que Marcelo en el futuro se iba a acordar de  una fiesta en la que no se fue a dormir a las 10 (como siempre ha hecho para llamar la atención)
Por todo eso y  porque era una boluda de esas que quieren arreglar el mundo,  es que se me ocurrió  la brillante idea de decirle que quería ir en Año Nuevo para su casa en Vicente López.

Habíamos arreglado que a las 22 me pasaba a buscar un remise por mi casa que quedaba en Palermo, para estar a la mesa a las 22.20 más o menos. Todo debía ser sincronizado al minuto y sin fallas.
Para colaborar, y para quedar bien en mi debut, había hecho un pionono de roquefort bien decorado.
Llegué a la casa que era en la calle Monasterio, a tres cuadras de la Avenida Maipú hacia el rio.
Era un chalet de dos  pisos
De afuera parecía bien conservado con techo a dos aguas de tejas negras, persianas americanas cerradas desde hacía mucho tiempo. Puerta alta de madera negra con pomo de bronce. Muy poca luz en todas partes.
Entré, y  en medio de la nebulosa de mi astigmatismo, vi a seis seres sentados bien derechos en sillones de respaldo alto, oval, de un color indescriptible, porque estaban tapados con fundas de tela de sabana que parecía muy vieja.
La luz, era mortecina y venía de sendas arañas tipo candelabros, la mitad de las bombitas estaban quemadas o flojas y la otra mitad  eran apenas de 40 watts
En las paredes, había  óleos de verdad, no reproducciones: un retrato de una niña con trencitas y carita de inocente y otro de un paisaje marino, con marco que alguna vez fue color bronce. De  muy mal gusto para mis ojos
La mesa era larga y ovalada como la de Mirtha Legrand, cubierta con un mantel de hilo  bordado a la moda de cincuenta años atrás y un hule transparente encima para protegerlo de la vida misma
En la ante cocina, estaba la comida fría, una especie de auto-service porque cada uno se tenía que ir a servir y luego sentarse a la mesa;
La cuestión era que las fuentes no estaban accesibles Y si alguno se paraba más de una vez todos lo miraban feo
La comida era dietética y sin gracia, parecía que no les interesaba comer, salvo como una necesidad fisiológica.
Había empanadas de carne, una fuente con jamón y queso, palmitos, y pollo (soso) con ensalada de papas. Cero imaginación y cero buen gusto
Esa era la entrada y la salida. No eran gente pobre, yo no podía creer que esto era todo, horrible y poco.
Postre no había, se puede creer? No habia Postre. Y punto. Ni pan dulce ni turrones.


 Los personajes eran:
1) La reina madre,  sentada a la cabecera: grandota, con rodete blanco y mofletes caídos. Aros de perla y collar igual. Tenía aires de mando, como esposa de milico que era, actualmente viuda y pobretona.
  Luego estaban los tíos viejos hermanos de ella: 
 2) un tío solterón que me daba tristeza. Era grandote, de traje gris algo raído, cara de  cansado. Típico tanguero de los años 50, melancólico, filosófico, resignado a estar solo. Y en torno a él el misterio que guarda acerca de dónde vive ya  que era medio bohemio y sin domicilio fijo
3)  Una tía viuda, bajita, antigua, bien ama de casa sumisa. Me daba vergüenza estar con ella, porque era la que iba a ir a limpiar el departamento del tío loco internado  Ese que Marcelo había pensaba usar para ir coger conmigo, y ahorrarse el hotel. Yo no acepté por principios.  Como iba a usar de telo un departamento vacío de un señor internado?
Y encima que la tía  fuera la mucama de nosotros.
4) Un tío comisario, bien facho y despectivo, que daba metía miedo y su esposa, chusma y  que hablaba hasta por los codos
5) El otro hermano, el  mencionado loco, estaba internado en un geriátrico por demencia senil, y no estaba presente porque nadie lo había ido a buscar. Pobre, pensaba yo, que fría que es esta familia.
Se notaba que todos querían evitar el tema, pero la pregunta saltó. Y el comisario hablaba de él justificándose
“y, tiene sus días, este muchacho...”
 Yo no podía creer que estuviera hablando de su hermano
.
Los otros muñecos del museo de cera éramos Marcelo y yo...
Mi novio, como siempre con cara de culo, como un chico que llevan al dentista. Estaba encorvado y fumando sin parar. No hablaba con nadie de su familia, ni conmigo. Miraba para el piso y tampoco me hacía participar a mí , que no conocía a nadie
Yo, callada, porque  sentía que todo lo que dijera podía ser usado en mi contra.
Esa noche especial me había puesto un hermoso vestido de gasa color rojo, con doble falda,  que lejos de agradarle a mi novio, lo hizo enojar, no me hablaba por culpa del vestido.
Por lo bajo trato de prohibirme su uso, argumentando que “era de puta”, y que si me lo veía de nuevo lo iba a quemar con un cigarrillo .Cuando aparecí, me dijo si se lo había hecho a propósito, el ponerme ese vestido para molestarlo

Yo comí sin hablar de nada  personal, porque aborrecía que empezaran con temas médicos, pero la vieja no pudo con su genio, y para darse “dique” por su nuera medica, me preguntó si a  mi  me pagaban por hora o por paciente.
                                                “-Por hora.-Dije yo


En esa casa estaba vedada la música. Estaba prohibida.
No había equipo ni radio ni nada parecido
Sólo el sonido de los  cubiertos,  alternado por algún comentario familiar.
A las 23.45  para hacer algo pregunte si podía poner las copas.                                                                                                          Las mujeres dieron mil recomendaciones con respecto a que si se me caía una me mataban, (la verdad  es que me hubiera gustado que algo se rompiera así lo usaban)
A las 00.00 del nuevo año  pasó  una ambulancia con la sirena a todo lo que daba. De esa manera me di cuenta de que era Ano Nuevo
Sirvieron el champagne, rapidito.
Los seis levantaron la copa diciendo “felicidades”
Nadie se dio besos. Ni la   madre con el hijo.
Ni el hijo con la novia.

                 A los 15 minutos Marcelo me llevo a mi casa en un remise en completo silencio

Comentarios

Entradas populares de este blog

12 PELIGROSO INTERNET

16 PLANCHAR TODA LA NOCHE

15 . AMOR A LOS 78