17 UN AMOR DE VACACIONES




Las mejores vacaciones que tuve hasta ahora, fueron estas últimas, las de Porto Seguro.                 Mi única  intención, era reponerme de una depresión bastante importante. No había tenido  ganas de comer...ni de vivir...Había perdido la brújula, la dimensión de las cosas, la objetividad con respecto a mi vida.
Gracias al tratamiento, ya me encontraba bastante bien, pero agotada.
Como si fuera algo casual, se me ocurrió compartir el viaje (por primera vez), con Mirta,  amiga de mi amiga María.
No se por qué, “algo “me impulsaba a decirle a ella, como si la hubiera conocido desde hacía muchos años No a otra persona, solo a ella. Ya me imaginaba que íbamos a andar bien...
También es de la misma generación, es sola e independiente.

 Contar la crónica del viaje, me resulta aburrido. Solo diré que el lugar era paradisiaco. Morros, vegetación selvática, mar, calor, tranquilidad Un hotel hermoso con gimnasio y sauna, .comida muy rica
 Los turistas eran todas parejas, de todo tamaño. Brasileros, y argentinos las  únicas “chicas” solas, éramos nosotras. Bueh, también había unas chicas de 20 años, pero a ellas no las contemos. Lo que yo quiero decir es “lindas y libres”:   nosotras dos, las veteranitas.
A la noche, como era lo único que teníamos para hacer, planificábamos qué ropa ponernos, sin repetir ninguna. La verdad, nadie se arreglaba tanto. Solo para ir a comer porque era media pensión
Plato va y plato viene, vislumbramos a dos mesas de distancia dos cabecitas masculinas solitarias sin bruja al lado
En principio yo creía que eran un matrimonio gay: el canoso mayor sería  el esposo. El morocho buen mozo, la esposa. Creí que rondaban los 50 añitos, pero Nos marcaban y disimulaban lo que dejaba sin efecto mi anterior teoría
Hasta que una noche, cuando me había levantado para llenar mi tercer plato, al regresar a la mesa, me encontré con la sorpresa:
Mirta había invitado a los dos muchachos en cuestión a nuestra mesa.
Me presentó al morocho, que me dijo “ya sé que te llamas Laura” y a partir de ese momento, y el resto de la semana, desayunábamos y cenábamos los cuatro juntitos, en familia.
Eran casados. Nosotras tocábamos el tema a propósito, como para que tuvieran bien presente que “con nosotras no se intercambian fluidos!
Era lindo, que aunque supieran que éramos respetables, igual nos agasajaban, eran caballeros, nos invitaban caipiriñas, y nos acompañaban a lugares  a donde era más divertido ir de a cuatro.

El más buen mozo se borró tres días. Desayunaba con nosotros, y aparecía a la hora de cenar. Luego se iba de nuevo. No nos quedaba otra que pasear con el gordito canoso que le había tocado en el reparto a Mirtita. Era pesado, chiquilín, y nada atractivo. Se le caía la baba por ella, que de paso se hacia la niña inocente, contándole que “solo había tenido un novio” (Ay...Pinocha, te va a crecer la nariz...)
A mí el otro me gustaba, pero solo a nivel de fantasía. Al ser casado, mi calentura tiene un freno automático. Y luego desaparece y no es cuestión de ser moderna o antigua...sino por ser egocéntrica y digna.

 La última noche, en que ellos partían a las 2 de la mañana hacia Buenos Aires, nos preguntaron “si les hacíamos pata hasta esa hora”                                                                                                                                                      ”Desde ya que si” –dijimos.
“pero la única manera de que me mantenga despierta con la palma que tengo, es bailando”, dije yo, que de tanto ejercicio que hacía, caía muerta siempre antes de las 11
Cenamos por última vez, con cierto  dejo de nostalgia.
Después decidimos ir al bar de la playa que quedaba en frente, cruzando la ruta, ya que de noche se hacía lo que uno quisiera: o cantaba alguien, o se bailaba
Yo tenía ganas de hacer “lo que sea”.
Nosotras estábamos lindas, pero en el bar, NO HABIA NADIE. Bueh, si, estaba el mozo, un chico de menos de 20 años. Entonces, mi candidato me dijo:
“a ver, LEO *por mi signo, invéntate algo vos que sos creativa”
Pensé dos minutos, al cabo de los cuales, decidí que la fiesta ya había comenzado, y era privada. Luego me dirigí a la barra, y en no sé qué idioma de señas y sonidos guturales, elegí la música, la hice subir, y comenzamos a bailar afuera. Estaba lloviznoso, pesado, y tibio.
El piso era de madera, como un muelle. Los sillones estaban mojados.
 Bailábamos los cuatro, temas movidos.
A mí me agarró un ataque de adolescencia, me sentía segura de no estar en peligro, y me gustaba el tipo. Tranquila porque ya se volvían. Entonces, accedí a bailar “lentos”.
La verdad, es que él no me apretaba, pues bailaba lejos, y yo me ofendí un poco diciéndole “bueno che, tampoco tengo nada contagioso”, entonces sí me clavó los garfios con cariño. Ahora a la distancia me comporte como una histérica, o al menos fui confusa en mis mensajes
En un momento, se dio la postura para poder besarnos, y lo hice. Me gusto un poco demasiado. Me comporté como una cualquiera, porque de repente me desinhibí.
 Creo que le estaba haciendo un examen otorrinolaringológico. Se me  había despertado el indio, y cuando se despierta, empiezo a meter la mano dentro de la camisa, porque me encanta el pecho, los latidos, los pelos, el calor, el olor a desodorante...también me apoyé casualmente en su pelvis, estando parados mirando la luna.., en fin Él se empezó a calentar, pues jadeaba , suspiraba, y hablaba pavadas.
Yo no las decía, pero las hacía.
No era justamente una dama.
Cuando él quiso investigar qué había debajo de  mi vestido, le dije BASTA, vamos a sentarnos.
Nos sentamos de la mano, y el amigo nos miraba como alegre por lo piola que era su compañero.
Yo la miraba a Mirta, muerta de risa por la travesura que había hecho besando a un extraño. Jugábamos a que éramos novios, hacíamos comentarios entre los cuatro...nos reíamos...brindábamos.
Mi amiga no gozaba de los mismos privilegios que yo, ya que al baboso no sabía cómo sacárselo de encima, porque era torpe, feo e inexperto.
Ella es una lady, onda inocente, rubia de ojos celestes, como que busca protección, y este tonto se creía todo...y cada vez se metía más...
 Se acercaba la hora de la partida, y había que regresar al hotel. Como no tenían más la habitación, los invitamos a usar nuestro baño, a lo que accedieron, contentos porque por fin habían entrado al lugar prohibido...nos sentamos a tomar mate mi chico  y yo.
Y cuando nos despedimos, lo hicimos con toda la boca, y, crean o no, nuestros novios, estaban llorando... de tristeza por perdernos...

“para mi sus muy importante, y no creas que me fijé en vos solo por lo físico, que es hermoso, sino por como sus de adentro, en serio. Jamás me pasó algo igual...¿por qué no serás más tonta? Sos increíble, tan inteligente...tan rápida, nunca me voy a poder olvidar de vos...te juro...yo no quiero acostarme con vos...solo me conformaría con pararme en una esquina a mirarte...para adorarte...es que sos tan especial...sos diferente a todas las mujeres que conocí...y lo que menos quisiera en la vida sería hacerte daño...
A los dos días
Hola, Laura, soy yo, Carlos. Disculpa la molestia, pero no puedo dejar de pensar en vos, día y noche...”
Al otro día:
“hola Laura, estoy en Buenos Aires. ¿Qué tienes que hacer esta noche? Yo me voy mañana a la tarde., Ah...tienes que hacer...que lastima. ¿Y mañana, me darías solo 10 minutos para un café aunque sea? Necesito decirte algo importante. No te voy a molestar más. En serio.”
Ese día:
“Vayamos al grano Laura: yo tengo hacia vos un sentimiento importante, estoy enamorado... Te pido, te ruego que me des una oportunidad. Por ejemplo, la próxima vez que venga a Buenos Aires, una cena. Si  lo queréis pensar, pensarlo.”
A los dos días:
“si, ya sé que me dijiste que no te llame. Pero no podes ser tan fría, tan cortante, al fin y al cabo yo siento cosas. Como me vas a decir que no existo porque soy casado. No me podes herir así. Aparte, de donde querés que saque un certificado de que soy libre?
Bueno Laura, veo que nada te conmueve. En fin...
Te deseo que tengas mucha suerte, y que encuentres lo que te mereces...”

Así fue mi amor de vacaciones, solo del cuello para arriba. Soñé que estábamos juntos en un jacuzzi, y fui feliz.
Pero no tan feliz como fui en esos siete días que compartí con mi nueva hermana.
Mi “compañerita” alias “mariposita Mirta

Comentarios

Entradas populares de este blog

12 PELIGROSO INTERNET

16 PLANCHAR TODA LA NOCHE

15 . AMOR A LOS 78